En realidad, todo estaba claro. Rehabilitar, alquilar, vender. Así era el plan de la empresa inmobiliaria de Múnich W und Bauer cuando, en 2018, se hizo cargo de un conjunto de edificios de oficinas desocupados en Aschborn. En dos de los tres inmuebles, el modelo de negocio funcionó sin problemas. Sin embargo, en el tercer edificio las cosas fueron de otra manera. El gran inquilino del sector turístico, con el que se contaba firmemente, se retiró debido a la pandemia. La reventa prevista fracasó y todo el cálculo se vino abajo.
Ahora mismo estás viendo contenido de relleno de YouTube. Para acceder al contenido real, haz clic en el botón de abajo. Ten en cuenta que al hacerlo se transmitirán datos a terceros.
Desbloquear contenido: Aceptar el servicio requerido y desbloquear el contenidoSin embargo, en lugar de abandonar el proyecto, la empresa optó por un cambio radical de estrategia. El edificio, conocido posteriormente como Margentaler, fue objeto de una profunda rehabilitación y, en lugar de venderse, pasó a formar parte de su propio parque inmobiliario. De este modo, W y Bauer se han convertido en un ejemplo de una tendencia que, entretanto, caracteriza a todo el mercado.
La caída del mercado de transacciones
Desde el año 2022 estamos asistiendo a una caída masiva de las transacciones inmobiliarias, especialmente en el segmento de oficinas. Solo en el caso de los inmuebles de oficinas, el volumen de transacciones se ha reducido en más del 50 %. Paralelamente, entre 2025 y 2028 vencerán en todo el mundo créditos por valor de unos 4,5 billones de dólares estadounidenses. Esto supone una enorme presión de refinanciación para los propietarios.
Las razones de esta evolución son múltiples.
-
El aumento de los tipos de interés dificulta la financiación.
-
Los bancos actúan con mayor cautela y conceden créditos de forma más restrictiva.
-
Los requisitos ESG están modificando el interés de los inversores.
-
El teletrabajo y los modelos de trabajo híbridos generan nuevas necesidades de uso.
Quienes antes ganaban dinero con salidas rápidas se enfrentan hoy a un dilema. Vender implica importantes descuentos, mientras que mantener las inversiones requiere nuevas estrategias.
El cambio de estrategia: de la venta a la tenencia

Cada vez son más los agentes del mercado que descartan la venta a corto plazo y apuestan por la gestión activa de la cartera. Grandes empresas como Brookfield Properties o Tishman han declarado públicamente que van a centrar más su atención en la gestión de activos y en el flujo de caja a largo plazo.
El objetivo ya no es presentar un folleto de venta, sino elaborar un plan de gestión de activos sólido que combine tres factores:
-
Flujo de caja estable
-
Cumplimiento de los criterios ESG
-
Flexibilidad de uso a largo plazo
¿Qué oportunidades se presentan para los propietarios de inmuebles?
La mayor ventaja radica en el tiempo ganado. Quien no tenga que vender de inmediato puede realizar reformas específicas, reposicionar el inmueble y esperar a que lleguen mejores ciclos de mercado. Este tiempo supone una ventaja competitiva decisiva, teniendo en cuenta el aumento de los tipos de interés y los requisitos ESG.
1. Desarrollar nuevos conceptos de uso
Los espacios vacíos pueden reconvertirse en zonas de coworking, oficinas-laboratorio, espacios educativos o incluso viviendas. Lo fundamental es que el inmueble ya no se considere únicamente como un objeto de venta, sino como un producto transformable.
2. Escenarios en lugar de soluciones aisladas
Las mejores prácticas demuestran que los propietarios de inmuebles existentes que tienen éxito barajan diferentes conceptos de uso. Se calculan las opciones de alquiler, los modelos mixtos y la reconversión. Las herramientas digitales ayudan a reflejar de forma realista los ingresos, los valores ESG y los costes a largo plazo.
3. Gestión profesional de activos
Muchos actores están creando equipos internos de gestión de activos o colaboran con socios especializados. Estos se encargan de las estructuras de arrendamiento, las reformas, las ayudas públicas y la certificación ESG. El resultado son inmuebles que se alquilan más fácilmente, se financian mejor y son más estables a largo plazo.
4. Agilidad en las reformas
Las empresas que tienen más éxito son aquellas que no abordan todo de una vez, sino que lo hacen por etapas. Se rehabilita una planta, se recogen las primeras experiencias y, a continuación, se procede a la ampliación. De este modo, se mantiene la flexibilidad.
5. Aprovechar nuevas vías de financiación
Dado que los bancos se muestran reticentes, cada vez cogen más protagonismo los fondos de deuda privada o los inversores de capital mezzanine. Estos financian de forma específica proyectos de revitalización y se adaptan mejor a plazos de tenencia más largos.
La trampa de la refinanciación
Sin embargo, sigue existiendo un riesgo: muchas financiaciones se diseñan inicialmente con vistas a una salida rápida. Plazos cortos, altos niveles de apalancamiento, reembolso en un solo pago. Si no se produce la venta, existe el riesgo de tener que reembolsar la deuda sin disponer de capital fresco.
La solución reside en la renegociación activa de la deuda. Los propietarios deberían ponerse en contacto con los bancos con antelación y estudiar modelos alternativos. Los fondos de crédito o los proveedores especializados, como Haushirsch, ofrecen soluciones más flexibles, adaptadas a la revitalización y al desarrollo del patrimonio inmobiliario.
Conclusión
La historia de W y Bauer ya no es, ni mucho menos, un caso aislado. Es representativa de todo un sector en plena transformación. La época de las ventas rápidas ha llegado a su fin, al menos por el momento. Quien quiera sobrevivir debe apostar por una gestión activa de la cartera inmobiliaria, conceptos de uso flexibles y soluciones de financiación inteligentes.
En lugar de esperar beneficios rápidos, ahora hay que asegurar el valor, realizar reformas y desarrollar estrategias a largo plazo.
El mercado es exigente, pero las oportunidades están ahí. Las nuevas necesidades, las herramientas digitales, las formas alternativas de financiación y las mejores prácticas proporcionan los pilares para un modelo de negocio con futuro.
El mensaje es claro: la espera pasiva no es una opción. La clave está en actuar de forma activa, con visión de futuro y de manera sistemática.